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lunes, 24 de octubre de 2011
SER BILINGUE.... CUAN IMPORTANTE HOY
En países como Estados Unidos (nuestro vecino), no es nada inusual que los niños aprendan a hablar dos o más idiomas y que los utilicen a diario para comunicarse y entender a los que están a su alrededor. En muchos países del mundo la gente es bilingüe o plurilingüe sin ser consciente de ello. En países como nuestro vecino, puede haber un idioma que sea el dominante, es decir, el utilizado por el gobierno, las escuelas y la sociedad. Teniendo esto presente, los padres que hablan otro idioma por "herencia cultural" podrían enfrentarse a un dilema: ¿Deberíamos enseñar a nuestros hijos sólo el idioma dominante o deberíamos intentar que sean bilingües? Aunque es importante aprender el idioma imperante del país donde se vive, para muchas personas también es importante que sus hijos aprendan el idioma de sus familiars directos sino no es el dominante.
Enseñar o no a su hijo más de un idioma sólo depende de usted y del empeño que se tenga.
¿Qué significa ser bilingüe?
El bilingüismo, la capacidad de una persona para utilizar indistintamente dos idiomas, existen concepciones discrepantes sobre qué condiciones exactas deben darse para que un ser o un grupo humano, una instutición o una sociedad pueda considerarse bilingüe. (nota: Wikepedia)
¿Cuáles son las ventajas de ser bilingüe?
Algunos estudios sostienen que los niños expuestos a varios idiomas son más creativos y desarrollan mejor las habilidades de resolución de problemas. Otros estudios sugieren que hablar un segundo idioma, aunque sólo sea durante los primeros años de vida, ayuda a programar los circuitos cerebrales para que sea más fácil para el niño aprender más idiomas en un futuro.
¿Cómo puedo ayudar a mi hijo a ser bilingüe?
Existen varios métodos que pueden ayudarle a lograr que su hijo sea bilingüe. En todos ellos, es muy importante que los niños estén expuestos a ambos idiomas en diversos contextos y que entiendan la importancia de conocer cada uno de ellos.
Se recomiendan dos enfoques:
1: "un padre, un idioma" establece que cada padre hable un idioma diferente en casa desde los primeros años de vida del niño. Por ejemplo, la madre podría hablarle al niño sólo en inglés mientras el padre podría usar sólo el español.
2: "idioma minoritario en casa" permite a los padres establecer un uso para cada idioma. Por ejemplo, en casa sólo se hablaría español, mientras que en la escuela se hablaría inglés. Un metodo my comun un nuestra comunidad Ciudad Juarez-El Paso, TX.
Con cualquiera de los métodos que utilice, trate de no mezclar los dos idiomas. Es decir, cuando hable con su hijo en el idioma espanol, no mezcle el inglés en frases ni oraciones. Sin embargo, no se sorprenda si su hijo utiliza palabras de ambos idiomas en una oración. Cuando esto suceda, corríjale con indiferencia proporcionándole la palabra adecuada en el idioma que estén usando.
A medida que sus hijos crecen, sea persistente y creativo en su enfoque. Algunos padres envían a sus hijos a escuelas de idiomas para que aprendan la lengua de una manera más formal.
¿El bilingüismo conducirá a una pérdida cultural?
Probablemente se perderá algo de cultura y algunos vínculos si su hijo crece en un nuevo país; sin embargo, usted decide si quiere inculcar a sus hijos su herencia cultural o no.
Definitivamente, existe una cultura "americana". Sin embargo, no olvide que durante siglos, muchas de las personas que llegaron a los Estados Unidos en busca de un futuro más prometedor se aferraron a sus lenguas y culturas nativas en sus hogares y barrios; no obstante, aprendieron a hablar inglés y a integrarse en la vida estadounidense. Dichas identidades culturales aún existen en muchas familias después de muchas, muchas generaciones. Hablar con fluidez un segundo idioma puede conllevar grandes beneficios culturales. Los niños que aprenden el idioma de su herencia cultural pueden comunicarse con sus parientes y fortalecer los lazos familiares al otro lado de la frontera. Comprender de dónde proceden ayuda a los niños a desarrollar una fuerte identidad y a determinar hacia dónde se dirigirán en el futuro.
¿Retrasa el bilingüismo el desarrollo del habla de un niño?
Algunos padres temen que hablar a sus hijos en otro idioma dificultará el aprendizaje del inglés en la escuela. La realidad es que antes de que vayan a la escuela, los niños ya habrán estado en continuo contacto con el inglés gracias a la televisión, la internet y sus amigos. Los padres suelen asombrarse de la habilidad que tienen sus hijos para aprender inglés cuando juegan con otros niños angloparlantes. Una vez que comienzan a ir a la escuela, se ponen al nivel de sus compañeros rápidamente. Es entonces cuando el problema para los padres pasa a ser ¡cómo evitar que sus hijos hablen sólo inglés!
Educar a un niño para que sea bilingüe
Enseñar un segundo idioma a un niño puede suponer un reto. La fluidez que tenga su hijo al hablar otro idioma estará influenciada por muchos factores, incluida la motivación personal y el apoyo por parte de los padres. Decida qué nivel desea que tenga su hijo del idioma de su herencia cultural y luego busque los recursos apropiados. Enseñar a los niños a ser bilingües puede ayudarles a reconocer la importancia de su cultura y herencia, así como a desarrollar una fuerte identidad personal e, incluso, puede serles de gran utilidad en el trabajo cuando sean mayores
REFLEXION
“A lo largo de nuestra existencia nos vemos enfrentados repetidamente a situaciones que podríamos considerar como muy difíciles de superar. Este tipo de situaciones por lo general se perciben como pesadas desde el punto de vista emocional y tienden a hacernos sentir al límite de nuestra capacidad, al extremo de llegar a creer que no podemos superarlas.
Si vemos la vida como una escuela para desarrollarnos, este tipo de situaciones serían las lecciones que necesitamos aprender para avanzar a un grado superior de realización. Y a medida que avanzamos, las lecciones se ajustan para ofrecernos nuevas oportunidades de crecimiento. Por supuesto esto significa volverse mas exigentes a medida que vamos creciendo, y no podía ser de otra manera pues para poder conocer la dulzura de la victoria es necesario atravesar primero la amargura de la batalla.”
Autor: DAR, adaptado por Benjamin Lopez.
jueves, 13 de octubre de 2011
martes, 11 de octubre de 2011
PIROPOS Y ALBURES
Escena 1: Una mujer alta, morena, delgada pero voluptuosa se contonea y desfila con una minifalda por una plaza. Las voces de los machos no esperan para resonar: “¿Cómo una cintura tan pequeña soporta una belleza tan grande?”, “¡Encandílame con esos faroles; así chocaremos de frente!”, “¡De tu mano tomaría hasta veneno!”. La chica guarda una sonrisa y sigue caminando, casi indiferente...
Escena 2: Un grupo de amigos se reúnen a mirar un partido de fútbol. Uno de ellos entra a la cocina a buscar una cerveza, y encuentra a su amigo inclinado frente al refrigerador. “¡Ay, cuánta confianza me tienes!”, exclama –“Pues para que te sientas cómodo. ¿Quieres un cojín?”, responde el otro. En eso entra un camarada más: “¿Oigan, han visto el chile?” –“Búscale por aquí” (se señala la bragueta)...
¿Qué tienen en común ambas situaciones? “Ambas son un juego de palabras. El primero resalta la belleza femenina sin intenciones de ofender; el otro tiene connotación sexual”, responde José Brú, investigador del departamento de Lenguas modernas del Centro de Ciencias Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), durante su conferencia Albur y piropo mexicano.
Conquistar a una muchacha es la meta. Cómo comenzar tal proceso (entablar el primer contacto) bien puede ser resaltando su belleza con un piropo. “El que sabe buenos piropos es un hombre galante. Es señal que sabe halagar y cortejar a la muchacha”, comenta Brú, quien explica que los hay de todo tipo. Unos muy educados: “Desde que viniste, el cielo se quedó sin ángeles”, históricos: “Si Colón te hubiera visto diria: ¡qué bonita Pinta tiene esa Niña!”, e incluso poéticos: “Hoy la tierra y los cielos me sonrieron [...] hoy me ha visto, me ha mirado. Hoy creo en Dios (G.A. Becker)”, pero suben de tono y entran en territorio sexual: “¡Mami, qué buen cofre para guardar mi tesoro!”, “¡Santa Bárbara!; santa por delante, bárbara por detrás”, y hay los que de plano se pasan: “¡Con esos pelotones se pone firme mi general!”, “¡Qué bonitas piernas! ¿a qué horas abren?”, aunque pasan por lo cómico: “¡Quisiera ser ardillota, para comerte bellota!”, lo irónico: “Megustan tus espinacas, pero más tus piernas flacas”, lo médico: “quisiera ser gripe para pasar dos semanas contigo en cama”, lo intelectual: “estás mas completa que la enciclopedia británica!”, y llegan hasta lo vanguardista: “¡Cuando veo tu software, se excita mi hardware!”.
El piropo está extendido por todos los países de América Latina. Piropear es parte de un juego de conquista en el que si la mujer no responde al primero, aclara Brú, no es una mala señal, sino parte del mismo juego: “no hace caso por que no digan que es muy ‘fácil’, aunque ahí entra la sagacidad del galán para seguir piropeando y ‘convencer’. Es el juego de acosar y retroceder”.
En cuanto al albur, “existe desde que México es México”, menciona Brú, y tiene que ver con nuestras raíces históricas. “Es un poco para defenderse de la Conquista; un lenguaje suvbersivo que se habla entre los ‘iniciados’, y los otros no entiendan mientras se estén pitorreando de la autoridad”.
Este juego de palabras en donde uno trata de ganarle verbalmente al oponente con intención sexual no se encuentra en ningún otro país, y en México la mayor parte de la gente, en especial los jóvenes, saben alburear. “En el lenguaje tiene mucha importancia. Se necesita mucho ingenio para captarlo y defenderse. Eso sirve para manejar mejor el lenguaje y la cabeza -sin albur-”, aclara.
¿El albur debe ser tomado como vulgar? Brú responde que sí, desde el punto en que la palabra proviene del latín “vulgo” que significa “pueblo”. “Vulgar es lo mismo que popular, y en ese sentido si lo es, pero en todas las clases sociales se dan, incluso entre las mujeres”.
Cualquier persona puede alburear; mujeres incluidas. Esto, explica el investigador, es parte de un cambio que se dio en la igualdad entre sexos: “Nuestras abuelas o visabuelas decían que eso era cosa de carretoneros. Eso ya cambió y entre los hombres se da mucho que tienes que aprender a alburear para defenderte. Es un esgrima verbal. Por el lado de las mujeres, pues se la pasaban en blanco. Tuvieron que aprender a alburear para saber qué estaba pasando”.
Cabe destacar que los duelos albureros también cumplen una función que es la de desplazar a la violencia física. “Incluso cuando pierdes terminas riéndo y aceptas que el otro se la echó muy buena”, menciona Brú, y pone como ejemplo y antecedente los duelos de coplas mostrados en filmes clásicos mexicanos como “Dos tipos de cuidado”, con Pedro Infante y Jorge Negrete, quienes se baten con frases hasta que uno ya no tiene qué decirle al otro. Muchos personajes del teatro de carpa que vieron su éxito en el teatro Blanquita, como Alfonso Sayas, el ‘botellitas’ Quintero, entre algunos, se reconocen por su actitud alburera.
Brú afirma que el albur tiene una tradición con la picarezca española, en la edad media del siglo de oro. Ese ingenio que había para que el pícaro pudiera sobrevivir, y así se fue transformando. Ahora, al igual que los piropos, los utiliza toda clase de persona y los hay con referencia a los nombres: Aquiles Rosas, Santiago Rico y su hemana Alma María; premios Nóbel como Rigoberta Menchú Farías, la religión: La madre Sota, San Buto (el Pelón), el Beato Carlos y el Cardenal Gasdaz; los animales: Palomas ticas, nombres de localidades: “Déjame Jalapa tu Chichén Itzá”, incluso con textiles: camisetas de tela dejaba por dentro, gorras de mamey, chupones de reata, de venta en Telas Poncho, entre muchos, las medicinas no se escapan: Kenal gotas para los ojos, Chupa Melox, Inyecciones de Mitrocito y el remedio casero; para el dolor de cabeza, chupa limón, los insólitos; como el árbol que dá en la punta limas, en el tronco rosas y atras pasas, ver para creer.
“Es parte de un doble sentido que viene a enriquecer el lenguaje de los mexicanos, porque las malas palabras, también son palabras, y el no contemplarlas es una limitante en nuestro vocabulario”, comenta Brú, quien comparte su piropo predilecto: Si la belleza doliera, su vida sería un alarido.
Escena 2: Un grupo de amigos se reúnen a mirar un partido de fútbol. Uno de ellos entra a la cocina a buscar una cerveza, y encuentra a su amigo inclinado frente al refrigerador. “¡Ay, cuánta confianza me tienes!”, exclama –“Pues para que te sientas cómodo. ¿Quieres un cojín?”, responde el otro. En eso entra un camarada más: “¿Oigan, han visto el chile?” –“Búscale por aquí” (se señala la bragueta)...
¿Qué tienen en común ambas situaciones? “Ambas son un juego de palabras. El primero resalta la belleza femenina sin intenciones de ofender; el otro tiene connotación sexual”, responde José Brú, investigador del departamento de Lenguas modernas del Centro de Ciencias Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), durante su conferencia Albur y piropo mexicano.
Conquistar a una muchacha es la meta. Cómo comenzar tal proceso (entablar el primer contacto) bien puede ser resaltando su belleza con un piropo. “El que sabe buenos piropos es un hombre galante. Es señal que sabe halagar y cortejar a la muchacha”, comenta Brú, quien explica que los hay de todo tipo. Unos muy educados: “Desde que viniste, el cielo se quedó sin ángeles”, históricos: “Si Colón te hubiera visto diria: ¡qué bonita Pinta tiene esa Niña!”, e incluso poéticos: “Hoy la tierra y los cielos me sonrieron [...] hoy me ha visto, me ha mirado. Hoy creo en Dios (G.A. Becker)”, pero suben de tono y entran en territorio sexual: “¡Mami, qué buen cofre para guardar mi tesoro!”, “¡Santa Bárbara!; santa por delante, bárbara por detrás”, y hay los que de plano se pasan: “¡Con esos pelotones se pone firme mi general!”, “¡Qué bonitas piernas! ¿a qué horas abren?”, aunque pasan por lo cómico: “¡Quisiera ser ardillota, para comerte bellota!”, lo irónico: “Megustan tus espinacas, pero más tus piernas flacas”, lo médico: “quisiera ser gripe para pasar dos semanas contigo en cama”, lo intelectual: “estás mas completa que la enciclopedia británica!”, y llegan hasta lo vanguardista: “¡Cuando veo tu software, se excita mi hardware!”.
El piropo está extendido por todos los países de América Latina. Piropear es parte de un juego de conquista en el que si la mujer no responde al primero, aclara Brú, no es una mala señal, sino parte del mismo juego: “no hace caso por que no digan que es muy ‘fácil’, aunque ahí entra la sagacidad del galán para seguir piropeando y ‘convencer’. Es el juego de acosar y retroceder”.
En cuanto al albur, “existe desde que México es México”, menciona Brú, y tiene que ver con nuestras raíces históricas. “Es un poco para defenderse de la Conquista; un lenguaje suvbersivo que se habla entre los ‘iniciados’, y los otros no entiendan mientras se estén pitorreando de la autoridad”.
Este juego de palabras en donde uno trata de ganarle verbalmente al oponente con intención sexual no se encuentra en ningún otro país, y en México la mayor parte de la gente, en especial los jóvenes, saben alburear. “En el lenguaje tiene mucha importancia. Se necesita mucho ingenio para captarlo y defenderse. Eso sirve para manejar mejor el lenguaje y la cabeza -sin albur-”, aclara.
¿El albur debe ser tomado como vulgar? Brú responde que sí, desde el punto en que la palabra proviene del latín “vulgo” que significa “pueblo”. “Vulgar es lo mismo que popular, y en ese sentido si lo es, pero en todas las clases sociales se dan, incluso entre las mujeres”.
Cualquier persona puede alburear; mujeres incluidas. Esto, explica el investigador, es parte de un cambio que se dio en la igualdad entre sexos: “Nuestras abuelas o visabuelas decían que eso era cosa de carretoneros. Eso ya cambió y entre los hombres se da mucho que tienes que aprender a alburear para defenderte. Es un esgrima verbal. Por el lado de las mujeres, pues se la pasaban en blanco. Tuvieron que aprender a alburear para saber qué estaba pasando”.
Cabe destacar que los duelos albureros también cumplen una función que es la de desplazar a la violencia física. “Incluso cuando pierdes terminas riéndo y aceptas que el otro se la echó muy buena”, menciona Brú, y pone como ejemplo y antecedente los duelos de coplas mostrados en filmes clásicos mexicanos como “Dos tipos de cuidado”, con Pedro Infante y Jorge Negrete, quienes se baten con frases hasta que uno ya no tiene qué decirle al otro. Muchos personajes del teatro de carpa que vieron su éxito en el teatro Blanquita, como Alfonso Sayas, el ‘botellitas’ Quintero, entre algunos, se reconocen por su actitud alburera.
Brú afirma que el albur tiene una tradición con la picarezca española, en la edad media del siglo de oro. Ese ingenio que había para que el pícaro pudiera sobrevivir, y así se fue transformando. Ahora, al igual que los piropos, los utiliza toda clase de persona y los hay con referencia a los nombres: Aquiles Rosas, Santiago Rico y su hemana Alma María; premios Nóbel como Rigoberta Menchú Farías, la religión: La madre Sota, San Buto (el Pelón), el Beato Carlos y el Cardenal Gasdaz; los animales: Palomas ticas, nombres de localidades: “Déjame Jalapa tu Chichén Itzá”, incluso con textiles: camisetas de tela dejaba por dentro, gorras de mamey, chupones de reata, de venta en Telas Poncho, entre muchos, las medicinas no se escapan: Kenal gotas para los ojos, Chupa Melox, Inyecciones de Mitrocito y el remedio casero; para el dolor de cabeza, chupa limón, los insólitos; como el árbol que dá en la punta limas, en el tronco rosas y atras pasas, ver para creer.
“Es parte de un doble sentido que viene a enriquecer el lenguaje de los mexicanos, porque las malas palabras, también son palabras, y el no contemplarlas es una limitante en nuestro vocabulario”, comenta Brú, quien comparte su piropo predilecto: Si la belleza doliera, su vida sería un alarido.
Asi que, ¿Qué comen los pajaritos?, Maasita!
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